La mejor esquina: ¿ingenuidad o negligencia?

Dos décadas después de haber formulado una Visión para Antioquia, conviene revisar qué ha pasado en la región y qué tanto avanzamos en la materialización de los ambiciosos atributos con los que engalanamos tal sueño colectivo. Como recordarán, la primera parte de la pregunta que sirve de título a este ensayo, sintetizó el resultado del inédito proceso de construcción social. La disyunción que sigue a los dos puntos resume la opinión del autor. Según tal visión, en el 2020 Antioquia sería “justa, pacífica, educada, pujante y en armonía con la naturaleza”. Transcurridos veinte años de imaginar ese luminoso futuro, y dibujado tan radiante y promisorio paisaje, los datos disponibles muestran una gran distancia entre el sueño y la realidad. Aunque no abundan los indicadores que den cuenta de tales asuntos, estando incompletas la mayoría de las series de tiempo, si tomamos un período suficientemente amplio, las cifras no son muy auspiciosas. Recientemente se ha reunido evidencia relacionada con los objetivos que nos propusimos alcanzar: La pregunta concluyente que se impone, luego de esta breve descripción de lo que ocurre en el territorio metropolitano y en la región antioqueña, es si fuimos ingenuos en la prospectiva que originó la visión o no hicimos las tareas necesarias para materializar tales atributos. Confeccionamos un verso y nos sentamos a esperar que se hiciera realidad por arte de birlibirloque. Como dicho encantamiento no se hizo carne, henos aquí en una situación muy lejana de la aspiración social que en su momento generó tantas ilusiones. Realizado ese primer ejercicio, abandonamos cualquier preocupación por el futuro y ahora somos una sociedad huérfana de sueños comunes y de propuestas de largo aliento. Muchas lecciones se podrán extraer de este experimento fallido, tanto respecto de las características del proceso que lo originó como del rol que tendríamos que haber jugado individual y colectivamente, para no lamentarnos hoy de tan paupérrimos resultados. Ciertamente no bastaba con soñar un futuro radiante, pues la sola inercia no generaría nunca las modificaciones radicales requeridas en tantos ámbitos del desarrollo territorial. Otro será el lugar y el momento para intentar dilucidar el dilema planteado en el título. Pero, por ahora, queda claro que las altisonantes transformaciones que algunos anunciaron fueron un ruido mediático del que sólo quedan apenas, ecos remotos.